Al caso de Joyner Pérez de los Santos, de 19 años de edad, le he dado seguimiento desde que me enteré de su situación en el hospital Darío Contreras.
Él es bajista del grupo musical La Rondalla de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde estudia bionálisis, pero su verdadero sueño es ser músico profesional.
Fue una de las víctimas del accidente en la Autopista 6 de Noviembre el pasado 17 de enero, donde un autobús de pasajeros fue impactado por una mezcladora de cemento (hormigón), resultando dos personas muertas a su lado y otras 18 heridas.
Royner había salido de su casa, en Hatillo, San Cristóbal, rumbo a la UASD, y su ruta de vida contemplaba ese suceso.
Inicialmente le amputaron una pierna por los grandes daños sufridos, pero los médicos ya advertían la necesidad de amputarle la otra, como de hecho sucedió.
Su madre, Eunicides de los Santos Caro, reflejaba su dolor en el rostro al ver a su hijo postrado sin sus piernas.
Lo que se supone sea para una persona caerle encima el cielo, creer que se le acaba el mundo, Joyner lo tomó con un espíritu fortalecido, gran fe y agradecimiento a Dios por la vida. En vez de maldecir, dio gracias, lo que habla muy bien de su formación cristiana.
“Quien viene a visitarme con cara triste o queriendo llorar, yo le digo váyase para su casa, que aquí no hay motivos para tristeza”, le llegó a decir al Listín Diario.
Y agregó: “Entonces no tengo motivo para llorar, solamente le doy gracias a Dios, gracias a Dios y gracias a Dios”.
Yo he trabajado por más de diez años con el tema de juventud en todos los ámbitos, sea académico, político, económico, artístico, religioso, social. Sé de sus éxitos y sus derrotas, de caerse, de levantarse. Del meritorio en el barrio o del que va a la cárcel por un crimen horroroso.
También los temas de envejecientes y niños han estado en primer lugar en mis prioridades periodísticas, pero he hecho más hincapié en desarrollar historias sobre jóvenes.
Y precisamente, cuando leo sobre temas de juventud, de testimonios tan valiosos y alentadores para seguir hacia adelante en la vida, me da gran satisfacción.
La historia ha hecho eco. Los reportajes en el Listín a cargo de Maibori Herrera y Doris Pantaleón, y un editorial, han retratado la situación.
A raíz de todo esto, la primera dama de la República, doctora Margarita Cedeño de Fernández, colocó un espacio en su agenda, y el 31 de enero, Día Nacional de la Juventud, próximo a las 11:00 de la noche, visitó a Joyner, para reforzarle su actitud optimista con su garantía de ayuda.
La prometió que el Despacho de la Primera Dama costeará las prótesis para que pueda volver a caminar, y al mismo tiempo le asistirá en su carrera para que se convierta en músico profesional.
La filosofía de vida de Royner admirable. “No hay motivos para estar triste”.